Damnificados: la verdad que incomoda
Por José Guillermo P.H.
En un movimiento digno de manual de errores políticos, la dirigencia estatal de Morena decidió que denunciaría al obispo de Zacatecas por la «osadía» de emitir una opinión que compartimos millones de mexicanos: que los avances que la autodenominada 4T pregona son, cuando menos, aventuradas declaraciones.
Seguramente el término tan ad hoc de damnificados de la 4T, resultó demasiado incómodo -recordando aquello de que la verdad no peca, pero incomoda- como para tolerarse por parte de una clase política ebria de poder y llena de soberbia. La absurda respuesta de la dirigencia estatal no pudo ocurrir en un peor momento, pues en una época en que los ritos católicos marcan gran parte de la vida cotidiana en nuestra sociedad, en Morena pensaron que sería buena idea pedir al IEEZ que le impida al obispo opinar sobre el gobierno.
Pero el error de cálculo no quedó ahí, esto sucede mientras en todo el mundo resuena el discurso de María Corina Machado, donde un pasaje sobre el deterioro de la democracia venezolana presenta innegables paralelismos con nuestro país -sin hacer de lado las diferencias que existen-: «Desde 1999, el régimen se dedicó a desmantelar nuestra democracia: violó la Constitución, falsificó nuestra historia, corrompió a las Fuerzas Armadas, purgó a los jueces independientes, censuró a la prensa, manipuló las elecciones, persiguió la disidencia y devastó nuestra biodiversidad», pronunció Ana Corina Sosa, hija de la dirigente opositora, al recibir en su nombre el premio Nobel de la Paz. Censuró es la palabra clave en esta lamentable historia.
Ese paralelismo con el régimen venezolano es preocupación recurrente no solamente por hechos como el intento de censura al líder católico, sino por la cercanía de distintas figuras de la coalición gobernante con el chavismo -un ejemplo claro es el expresidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, quien no oculta su afinidad por el dictador Nicolás Maduro y su régimen-. La propia presidenta Claudia Sheinbaum prefiere guardar silencio sobre el Premio Nobel entregado a María Corina con el pretexto de la no intervención, pero se olvida de esta doctrina al referirse a los hechos en Bolivia.
La dirigencia morenista de Zacatecas ha logrado, con su torpe reacción, exactamente lo contrario de lo que buscaba: amplificar el mensaje del obispo y exhibir una intolerancia que confirma los temores que muchos compartimos. Porque cuando un gobierno responde a la crítica con amenazas de censura en lugar de argumentos, no está defendiendo su gestión, está confesando su fragilidad.
Los damnificados de la 4T no desaparecerán por decreto ni por denuncia. Están en los hospitales sin medicinas, en las familias que lloran a sus muertos y desaparecidos sin justicia. Y mientras el gobierno siga ignorándolos, las voces que lo señalan serán más fuertes y más numerosas.