Eclectis
Por Raymundo Carrillo
Cuando se piensa en política, luego de las definiciones simples o decorosas como de que, es un arte, una ciencia o, una cosa difícil y sucia, se recuerdan las condiciones sobre de, ésta, la política. La política comúnmente no le identificamos en la vida cotidiana, sobre todo cuando la rutina no tiene variantes de índole humana.
Por ejemplo, quienes manejan máquinas, maquinaria, artefactos, aparatos u objetos que, casi solos hacen el trabajo, producto o artículo por obtener, y, la persona únicamente las cuida o les ordena o las maneja; estas personas no están mucho sujetas a variantes de índole humana, porque, sin duda tales artificios de su empleo o quehacer, son rutinas invariables… pero, cuando, esta persona se sujeta a tener un uniforme, un equipo de herramientas definidas o especiales, un horario, días específicos de labor, trato con compañeros en semejantes condiciones, entonces empiezan las variantes humanas. Siguiendo en la misma persona idealizada en estas líneas; el mismo momento de trasladarse a su lugar de labor, la manera de encontrarse con los demás, la conducta misma que sigue para tener una convivencia con suficiente armonía; el delineado de esas actividades, son todas, la política de su vida diaria… ha de alimentarse con ciertos elementos que vendrán envasados de acuerdo a políticas de empaque, de sanidad, de cantidad, de precio; aun cuando, por un ejemplo más detallado: le preparen en su casa su esposa, esposo, madre, hermano, amistad, unos blanquillos con salsa, la política seguida entre otras, pueden ser: se prepararon en una cacerola y no en una olla, la salsa no fue tan picante porque así lo dispuso, quizás porque no puede o, no le gusta comer muy picante… todas esas disposiciones son políticas. Al subirse al camión público urbano para ir a algún lugar del pueblo, la política es que hay una parada para subir y bajar del camión, destinada por una política pública, pagó cierto costo, por otra decisión política. Hoy mismo, tenemos una serie de políticas públicas aceptadas, aunque no plenamente en lo individual por todas y todos, respecto a salir con cubrebocas, es política personal traer sustancias desinfectantes y otros artilugios, las nuevas maneras de vernos y saludarnos, son precisamente, políticas de sanidad. Cuando un padre o una mamá, deciden otorgar o evitar algo con los hijos, es por decisiones políticas familiares. Asimismo, reza entre novias y novios, esposos y esposas, amigas y amigos. Cada vez que se reflexiona o medita para hacer una decisión comercial, jurídica, familiar, personal o de cualquier otra variante, se somete la decisión a una serie de condiciones para que sea favorable la decisión a tomar y entonces, se está haciendo un ejercicio político. Cuando un campesino, piensa como mejor le queda la coa que está tallando, está pensando políticamente, está actuando y construyendo en base a su medida de conveniencia y ésta la somete a las condiciones que le forman como ser humano en su quehacer diario; eso tan abstracto y tan profundo, tan íntimo y que a la vez es tan público, es política.
Entonces, es preciso hacer limpiar esas formas y fondos en los que todos estamos inmersos. Cuando la actual violencia nos ha hecho sujetos a todas y todos, de su presión, de su amenaza, mucho se ha dicho que los buenos somos más, que los malos son los menos… ¿que nos sujeta a los buenos a no actuar…?, medidas políticas destinadas en el discurso a: no convertirse los buenos en vengativos y por eso en malos, a que no se degenere la justicia ante la violencia sin determinar un castigo específico al perpetrador del mal… hay otras políticas en ese sentido que serían por ejemplo: que no se porten armas… aunque sean los buenos…
Equivocadamente, se sujeta nuestra idiosincrasia (no ideología) genérica a que, los tiempos de política para el Pueblo, son únicamente los momentos de campañas electorales. No es así. Los tiempos de política, son permanentes.
Comprender y llevar a cabo tal concepción, es cosa que incluso a los políticos malos, no les conviene, porque aprovechan precisa y únicamente, estas fechas para ponerse una careta temporal y maquillarse de buenos, pasado el momento, regresarán a su hábito, de malos.
Así, es comprensible que se viva una regeneración que no regenera, porque los regeneradores son quienes, pasado el momento del discurso, siguen degenerados o corruptos. De la misma manera, se crea la percepción de que, la política es mala y sucia para que no se acerquen muchos buenos.
Por ahora, las cosas, siguen igual en estos cursos vivenciales de la población en la que moramos; cada cambio real del país, ha sido fuerte y repentino, con su dotación de violencia, en algunos momentos grave, en otros momentos dramático, desde la conformación de las Instituciones en marzo de 1929, la creación de la Oposición Legal en septiembre de 1939 y, el germen de la democracia mexicana en mayo de 1989, la historia de las mexicanas y mexicanos, así, lentamente ha cambiado, ha mejorado en lo posible, entre de malos y buenos. Reflexión cabe y muy detenida, muy esperada, muy definida y fina, que los mejores rasgos históricos del país en que vivimos, sean tratados de desaparecer por un plumazo autoritario. Las generaciones que se dejan llevar únicamente por su presente, han de mirar dos veces la historia, porque si bien es cierto que se deformó con una generación de corruptos, no será una regeneración únicamente discursiva, lo que retome el buen camino de la historia nacional mexicana. Una historia que también sabe de tiranos, autoritarismo y presidencialismos abusivos. Nos deja acaso el presente que, la riqueza del México que tenemos, alcanza para más, pero no para destruir lo que se ha construido bien.
En Zacatecas. Muy claro se evidencia el que, hay dos perfilaciones compitiendo por gobernar. Una, nunca ha sido relacionada al abuso, la corrupción y las malas compañías, al contrario, sin fijarse en su carácter duro, siempre ha estado en la gestión, en la atención, en el trabajo impecable. El otro, ha navegado en medio de tales conjeturas y actos, hasta su misma simiente le ha remilgado públicamente; precisamente por sus malas compañías.
Cuando el río suena, es que, agua lleva.
Fotografía Ilustrativa: Archivo