Desayunó y se fue
Por Irene Escobedo López
A raíz de la detención y posterior liberación del General Salvador Cienfuegos, ex Secretario de la Defensa Nacional, el ánimo volvió a renacer en las prisiones militares, donde según los que saben, militares de todos los rangos están encarcelados sin ser procesados o bien en una plena violación de sus derechos. Este viernes por fin se habría volteado hacia el fondo de las tinieblas –que dicen al parecer dejo Cienfuegos- y se aguardó con ansias la visita de la Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos Rosario Piedra Ibarra. El personal militar esperaba poder exponer su situación jurídica y las violaciones a sus derechos humanos. El recibimiento fue en el comedor de la Prisión Militar del campo 1-A (una de las tres cárceles militares que actualmente hay en México) y a los presos lo último que les apetecía era el almuerzo, querían ser escuchados, o al menos entregar un escrito pero no fue posible, Rosario iba en plan ejecutivo, llegó para la foto acompañada del General Secretario, acatando éste por supuesto la orden de López Obrador. Muchos afuera en la milicia, los que están bien informados sobre los abusos, las violaciones a los procesos y a los derechos humanos de los presos no tardaron en inconformarse –desde lo oscurito también- y hasta bautizaron tan honroso recibimiento como la “Operación Pantalla”. Los militares presos habían hasta pintado los muros, y lo que se esperaba fuese un hecho histórico sin precedentes, el del 11- 11 (viernes 11 de diciembre a las 11 am) cuando la Comisión Nacional de los Derechos Humanos pisaría una prisión militar por primera vez, fue solo un tentempié porque Rosario Piedra desayunó y se fue. Esperando una segunda ocasión, ahora habría que pensar no en un almuerzo sino en una comida, para que a la Presidenta de la CNDH le dé tiempo por lo menos de quedarse al postre.
Fotografía: Agencia Cuartoscuro