El Viaje
Por Priscila Sarahí Sánchez Leal
Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
-“Ítaca”, Constantino Cavafis
En su origen, la palabra viaje no remitía al acto de desplazarse de un lugar a otro, sino a las provisiones necesarias para el camino. Previo al movimiento, lo importante era aquello que se llevaba consigo, para poder llevar a cabo el trayecto.
Con el paso del tiempo, el concepto pasó de nombrar al equipaje para designar el recorrido, el desplazamiento físico y la experiencia que conlleva atravesar espacios diversos; sin embargo, la raíz inicial no se desdibujó del todo.
Viajar, en esencia, sigue estando vinculado al hecho de reunir provisiones para el camino, para la vida misma: experiencias, recuerdos, emociones, ideas. Cada trayecto, literal o metafórico, implica una selección de aquello que llevamos dentro y de lo que decidimos dejar atrás.
En la escritura -en el arte- como en la vida, el viaje radica más allá del movimiento, en tanto que funciona como una metáfora de la transformación y recreación, es un devenir otro. El que se va no es el mismo que regresa.
Viajar es exponerse a lo desconocido y abrazar la posibilidad del cambio, entregarse a una experiencia y permitir que ésta modifique algo de nosotros que creíamos estable, acaso inamovible.
En ocasiones, el viaje es más que un desplazamiento físico, puede tratarse de un deslizamiento interior, estético, mental o emocional, que deviene tras aceptar el llamado a la aventura.
Arrojarse a las páginas de un libro, a los brazos de un amor fortuito o emprender una búsqueda artística, alberga la idea de un viaje que se revela como forma de conocimiento, no sólo del mundo exterior, sino del interior.
Habitar el trayecto de la vida misma y de sus circunstancias, así como comprender que toda experiencia implica un desplazamiento, abre paso a un sinfín de posibilidades de recreación y reinterpretación de nosotros mismos y del mundo que nos ha tocado transitar.