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Donde el dolor y el desayuno comparten mesa; los insólitos peces gato

Por Yarahima N. García Carlos

Esta semana, retomé un filme mexicano que hacía varios años que no veía: Los Insólitos Peces Gato (2013), dirigido por Claudia Sainte-Luce.

Al terminarlo, comprendí que muchas veces cuando algún filme nos parece aburrido o demasiado tranquilo, tiene que ver más con la edad y lo que estés buscando en ese momento. Esta vez pude apreciar la sensibilidad, cercanía y la sencillez con la que la película aborda la soledad, la familia disfuncional y el cuidado de un enfermo.

La narrativa comienza mostrando aspectos de la vida de una joven solitaria llamada Claudia, quien trabaja en un centro comercial con un carrito de salchichonería, que por problemas de salud (apendicitis) conoce a Martha, una madre de tres hijas y un hijo, quien permanece hospitalizada debido a que está contagiada por VIH.

Debido a este encuentro y al observar Martha que Claudia estaba sola, decide incluirla poco a poco en su vida cotidiana con su familia. La joven parece al principio no descifrar del todo las dinámicas familiares, ya que en las escenas se pueden observar los roles no estereotípicos de lo que en el colectivo imaginario mexicano es o debe ser una familia funcional.

La madre, Martha, a pesar de su enfermedad se muestra enérgica, amorosa y disfrutando la cotidianidad, como el comer en la mesa todos juntos, platicar con sus hijas, etc. Alejandra, la hermana mayor, es quien parece llevar la batuta del hogar cuando la madre está hospitalizada, pero también se observa que tiene una vida, que trabaja, que sale con un chico y no siempre es responsable de todos los demás miembros de la familia.

La siguiente hija es Wendy, quien pasa por crisis existenciales acerca de a qué se quiere dedicar en su vida, así como la búsqueda inquietante de su espiritualidad. Una de las más pequeñas es Mariana, quien aunque no tiene tantos diálogos, su presencia es esencial en escenas, pues muestra una manera de enfrentar situaciones desde la observación y reflexión interna.

Y por último Armando, el más pequeño, quien se encarga de tener la ropa limpia, se caracteriza por su curiosidad, por expresar lo que siente, como el miedo por la enfermedad de su madre.

La manera en que la directora va construyendo la narrativa sencilla y no melodramática de la disfunción familiar es impresionante; la cámara se siente cercana, íntima y en algunas ocasiones incómoda, porque no retrata el deber ser, sino una realidad familiar. En cuanto al cuidado del enfermo, lo plantea en diferentes etapas, no solamente desde la tristeza y la hospitalización, sino como en toda enfermedad, hay días buenos y días malos.

No romantiza la enorme responsabilidad emocional y física que es cuidar a un enfermo, pues exhibe escenas donde sus hijas tienen su propia vida y no pueden quedarse a cuidar a la madre, donde a pesar del dolor y frustración de este proceso son jóvenes sociales, que van a la escuela, tienen novio y realizan actividades de entretenimiento.

La vida continúa, incluso cuando el dolor está presente. Y quizá ahí radica la fuerza de la película: en entender que el afecto no siempre se manifiesta en grandes gestos, sino en la permanencia, en lo cotidiano, en lo imperfecto.
A veces, el cine no nos cuenta una historia extraordinaria, simplemente nos recuerda que incluso las vidas más fragmentadas pueden sostenerse unas a otras.

Fragmento final de la película:

Martha narra «…lo que más me gustaría es que regaran mis cenizas por la ciudad para que se acuerden de mí a donde quiera que vayan. Ale: acuérdate de renovar el seguro del auto, siéntate a trabajar en una mesa, no puedes escribir siempre con la computadora en tus piernas, terminé odiando las sábanas blancas igual que tú, perdóname por haberte dejado sola tanto tiempo, hubiera querido que todo fuera diferente para ti.

Wendy: en el primer cajón de la cocina dejé folletos de carreras, elige alguna y si después te arrepientes, no está mal cambiar de decisión, usa brasier, no puedes ir así por la vida, los domingos por la tarde no son tan feos como crees, de los problemas no se puede escapar, hay que enfrentarlos, siempre.

Mariana: no dejes que se llene el bote para sacar la basura porque se empieza apestar la cocina, acuérdate de usar calcetines en la noche para que no te dé gripa tan seguido, cuando no puedas dormir, báñate con agua muy caliente y abraza fuerte tu almohada, te quiero mucho preciosa.

Armando: lávate los dientes cada noche, ya llevas tres caries en un año, cuando sientas los labios partidos, úntate pomada, recuérdales a tus hermanas que te lleven al dentista, no quiero que llegues chimuelo a los 18, córtate las uñas porque siempre se te llenan de mugre. Soy muy afortunada de tener un hijo tan inteligente como tú.

Claudia: los suspiros son señal de que necesitan un poco más de aire para respirar, yo no sé en qué momento te tuve, pero seguro fue con un hombre guapísimo, no te vayas nunca de nosotros y gracias por aparecerte en nuestras vidas.»