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Coronavirus.

Antonio Sánchez González. Médico.

Hace una semana, el 23 de enero, el director general de la OMS, el Dr. Tedros Ghebreyesus, dijo «Hay una emergencia en China, pero aún no se ha convertido en una emergencia sanitaria mundial… La OMS sigue este brote cada minuto de cada día”. Cuando hizo las declaraciones, se habían confirmado más de 500 casos en China, Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y Tailandia. El virus se transmite de persona a persona y puede causar una enfermedad respiratoria grave, en forma de neumonía que pone en peligro la vida. Estas características están impulsando al gobierno chino a la toma de medidas urgentes de salud pública y levantaron la preocupación internacional. Ante el crecimiento exponencial del número de casos, ayer, la misma OMS declaró la alerta epidemiológica mundial cuando, sin embargo, las piezas del rompecabezas sólo están empezando a mostrarse.

Las revistas médicas mundiales han empezado a publicar las descripciones de los casos. En la primera serie de ellos, 27 de 41 enfermos tuvieron exposición directa al mercado de mariscos de la ahora famosa ciudad Wuhan, que se cree que es el sitio inicial de infección de una fuente animal. Todos tenían neumonía viral. La gravedad de la enfermedad es preocupante: casi un tercio de los pacientes desarrollaron síndrome de dificultad respiratoria aguda y requirieron cuidados intensivos; de entre ellos, seis pacientes murieron; cuatro estaban con vida con ventilación mecánica y cinco tenían lesión cardíaca aguda también causada por el virus. De la segunda serie, esta de 6 pacientes, cinco fueron identificados como infectados con el llamado 2019-nCoV: ninguno había estado en el mercado de Wuhan, pero dos habían visitado un hospital de la misma ciudad y este hallazgo confirma la transmisión de persona a persona.

Las lecciones de la epidemia de neumonías virales, que los médicos conocemos con las siglas SARS, ocurrida hace unos años en la China que entonces no estaba suficientemente preparada para implementar prácticas de control de infecciones, se han aprendido con éxito. China aisló y caracterizó rápidamente el virus, con absoluta transparencia ha compartido estos datos a nivel internacional, ha puesto en cuarentena a casos y contactos sospechosos, desarrollando procedimientos de diagnóstico y tratamiento e implementando campañas de educación pública. Del mismo modo, la OMS reaccionó rápida y diligentemente.

Todavía hay muchos vacíos en nuestro entendimiento sobre la enfermedad y, en este momento, no ayudan mucho los medios de comunicación que empeoran los temores al denunciar un «virus asesino». Falta conocer los detalles sobre el comportamiento inicial de los primero enfermos y el manejo que se dio a los primeros casos. La exposición y la posible infección de los trabajadores sanitarios siguen siendo extremadamente preocupantes. Tardaremos algún tiempo en conocer las consecuencias de la cuarentena impuesta en Wuhan el 23 de enero de 2020. Las autoridades de salud pública chinas han tenido que tomar decisiones difíciles basadas en conocimientos incompletos y cambiantes de la epidemia. Las restricciones a las comunicaciones y la prohibición de eventos que signifiquen grandes aglomeraciones pueden parecer excesivamente drásticas y ponen en riesgo la confianza entre las autoridades y la población local.

Las experiencias previas, obtenidas durante las epidemias de enfermedades virales que han sucedido en la última década, desde la epidemia que estalló en México en 2009, demuestran que, en estos casos, la apertura y el intercambio de datos son primordiales. Hoy, hay enormes demandas de acceso rápido a la información sobre este nuevo virus, el comportamiento clínico de los enfermos y las comunidades afectada. Pero igualmente crucial es la necesidad de garantizar que esos datos sean fiables, precisos y se examinen de forma independiente.

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