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Confluencias


Arturo Gutiérrez Luna
Unidad de Estudios Jerezanos
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La gran enseñanza en los trabajos de Larroyo radica en que aborda la historia con la mesura y el equilibrio capaz de sopesar sin condenar. Lector entre lecturas, Larroyo sopeso lo mejor que pudo las ideas que componían las obras de la cultura de todos los tiempos. Escrupuloso, casi cauto, intentó acceder a los pensamientos de los otros para su mejor comprensión y enseñanza.

Desde tal perspectiva la meticulosidad resulta en una cuestión fundamental del quehacer historiográfico. En la encomienda han de tomarse las precauciones para reconstruir los hechos con las evidencias correspondientes. En el contexto del Encuentro Filosofía desde los márgenes 2024, realizada en Chihuahua entre el 24 y 28 de abril, durante mi ponencia “Francisco Larroyo 1938-1958; cultura editorial y conversación (impresos, libros y pensamiento)”. Al término de las exposiciones, se realizó una ronda de preguntas donde apareció el profesor X quien expresó que le daba pena denunciar que había descubierto a Larroyo “cometiendo un plagio” en una Introducción a los Diálogos de Platón. Según su parecer, contaba que había algunos pasajes del filósofo jerezano donde expresamente “no atribuía” la correspondiente autoría a Windelband su escritor original de esas ideas. Se atrevió a decir que había pasajes enteros de Larroyo, no atribuidos a su autor Windelband.

¿Qué le parece al lector esta afirmación sobre el proceder del filósofo que nos ocupa? El profesor X señalaba que el asunto podía perseguirse. No entregó las páginas referidas; no mostró las evidencias. Prometió que las buscaría. Me inquirió en público acerca de si conocía esos “hechos”. En aquel momento, precisé que Larroyo había escrito un “Estudio preliminar” para aquella obra del filósofo griego. No preparó sólo una “Introducción”.

Sostuve que en Larroyo el plagio era imposible, además de improbable. Para la ocasión, apunté que lo consideraba absolutamente improbable dado que el jerezano se caracterizaba por dar su lugar a cada pensador de que se ocupaba. La práctica persistente en Larroyo consistía en la enunciación precisa del pensamiento que comentaría o analizaría y para luego abocarse a su estudio y crítica. En todo caso daba el crédito correspondiente con el debido respeto en aras de proponer la mejor valoración posible. Insistí en que ese era un procedimiento por el cual había adquirido determinado prestigio. Propuse revisar con detenimiento la consideración de Reelaboración, la práctica de la reescritura tan presente en su ejercicio escritural. Concluí que, en todo caso, era preciso realizar una pesquisa al respecto. Intercambiamos datos de contacto. Quedó de enviarme fotos de aquellas páginas copiadas por Larroyo sin atribuirlas a su autor otiginal para fundamentar sus dichos. Nunca llegaron.

En primer lugar, señalemos que la Editorial Logos de México había publicado en 1937 la obra de Wilhelm Windelband, Historia de la filosofía, en 8 volúmenes, en traduccción de Larroyo y provista con Índices analíticos preparado por este intelectual.

En el caso de los Diálogos, su primera edición fue en 1962.
Al contrario de lo afirmado por el profesor X, lo que encontramos al final del “Estudio preliminar” es que Larroyo cita expresamente a Windelband:
Una nueva exégesis sobre la filosofía platónica ha sido formulada por H. Lotze (1817-1881). Según él (Cfr. Lógica, 1874.), las ideas no serían un mundo de seres metafísicos e incorpóreos, sino un reino de formas identificables a los valores; su esencia no caería en el reino del ser, sino en el del valer. Como fines de vida, las Ideas de Platón no tendrían otra estructura que la de los valores. “Semejante interpretación -dice W. Windelband-, guarda estrecho vínculo con la moderna teoría del conocimiento fundada por Kant y lleva consigo la pretensión de representar secularmente el platonismo.”

El plagio no aparece. La atribución es clara. No hay problema. Los decires evocados en estas páginas -en todas las escritas por Larroyo- son consignados con la autoría correspondiente. Según podemos constatar, el filósofo jerezano enseña que la lealtad al texto garantiza el encuentro iluminador de sus secretos. De esta manera se garantiza el respeto a la rigurosidad en la lectura y se fragua la recuperación de los justos términos en que se expresa cada autor. De esta forma se da pie a la lectura que trae a colación los estrictos pensamientos del otro.

En Larroyo es verificable el arte del deslinde que se ocupa de honrar a las plumas de pensadores en la medida en que se sintetiza con precisión sus conceptos. Se muestra respeto por ese pensador porque se le estudia en sus textos específicos, en sus propios términos, en sus mismas palabras. El jerezano postula el arte del deslinde avocado a la lealtad al pensamiento que se analiza y reflexiona. La recreación de las ideas de otro pensador cobra presencia con todo respeto y con el mayor rigor posible. El lector recupera la extrañeza, la profundidad, el acertó del autor de los pensamientos en cuestión. Más allá de la indiferencia, labora con ellos; los analiza, los sopesa, establece la crítica, se atreve a formular una interpretación. trata a las ideas como pan, ingrediente inestimable de una receta antigua de la estimación de la cultura.

¿Qué está pasando aquí? Según se puede constatar, el filósofo jerezano se desmarca del texto que piensa indicando que es la idea de otro; en la medida en que en comilla las afirmaciones de Windelband. Aclaro que cita su texto. Claramente, le atribuye la autoría de los dichos. Entonces ¿Qué hacer con la acusación de que Larroyo plagió? Así que tal hipótesis no se sostiene; resulta inadmisible asumir que hay un plagio. Por qué atreverse a tal afirmación, que se convierte en difamación. ¿Por qué la difamación? En tal contexto, necesitamos destacar que Larroyo respeta las ideas de sus colegas, las cita explítamente, las refiere expresamente; todo con tal de pensarlas del mejor modo posible.

En todo caso, en Larroyo es verificable el arte del deslinde que se ocupa de honrar a las plumas de pensadores en la media en que se sintetiza con precisión sus conceptos. El jerezano postula el arte del deslinde avocado a la lealtad al pensamiento que se analiza y reflexiona. La recreación de las ideas de otro pensador cobra presencia con todo respeto y con el mayor rigor posible. La validez de cada nuevo conocimiento se evalúa, ante todo, por su ausencia de contradicción, esto es, según una ley lógica fundamental.

No sería hipérbole declarar que siempre el gran investigador en las ciencias particulares es quien posee un tacto lógico superior. Otra cosa es que él mismo sea consciente de éste su proceder; lo que no entorpece el progreso de la ciencia, sino su fomento, gracias a la división de trabajo que implica.

Según Larroyo, la comprensión del pensamiento del otro resulta una labor comprometida con el rigor:

La circunstancia de que la lógica reflexione sobre las ciencias particulares, de que sea, en este sentido la autoconciencia del saber, no implica, en su fundamentación, ningún círculo, como podría creerse. La lógica no inventa las variadas maneras del ser del logos; las descubre en el trabajo siempre inconcluso de la investigación particular. Pero una cosa es el logos mismo, que no es privativo de ciencia particular alguna, sino común a todas ellas, y otra, muy distinta, los resultados concretos de estas ciencias particulares, expresados en forma de definiciones, axiomas, principios, etc. La lógica no parte para constituirse de estos resultados a modo de premisas, sino que penetra en ellos hasta destacar su dimensión lógica y de esta manera formula sus leyes autónomas. No define ninguna ciencia en particular, da los caracteres de la definición en general. No le interesan los resultados de las ciencias especiales como proposiciones de esta o aquella disciplina, sino tanto en cuanto portadores del logos. En otras palabras, a través de los resultados de la investigación particular, arriba a la vertiente lógica del pensar, que es, puntualmente, el núcleo de todo saber demostrado.

Tal como puede advertirse, desde la perspectiva de Larroyo, la recreación de las ideas de otro cualquier pensador cobra presencia con todo respeto y con el mayor rigor posible. La reflexión sistemática desplegada a partir de la investigación, pasa por un ejercicio de lógica escrupuloso. La lógica es perceptible en cada una de sus obras. Esta disciplina se vuelve una forma de militar entre sus investigaciones. Gobierna desde la sombra el racional despleigue de su discurso. La lógica da fundamento y orden a sus escritos, mediante su abrigo espeta la retórica en todo su poder, replica mediante la argumentación, rejuega con los filosofemas. La lógica cuida del orden y el orden cuida del intelectual.