Confluencias
Arturo Gutiérrez Luna
Unidad de Estudios Jerezanos
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Resumen
Francisco Larroyo (1906-1981) fue un intelectual mexicano prolífico, polímata extremo y precursor del personalismo crítico. El jerezano ilustrado escritor de 56 libros es un intelectual destacado por la profundidad de sus análisis y por la incidencia de sus estudios. En la presente contribución, proponemos a atento lector la reflexión panorámica de los afanes intelectuales del importante escritor vinculados con la filosofía denominada por él mismo como personalismo crítico.
Introducción
Carlo Ginzburg sostiene que los historiadores (y, de un modo distinto, los poetas) hacen por oficio algo propio de la vida de todos: desenredar el entramado de lo verdadero, lo falso y lo fictivcio que es la urdimbre de nuestro estar en el mundo.
En historiador nos ha prevenido para no conformarse a considerar la trama desde atrás, sino a partir de su propia cara afortunada.
Ya en su primera obra Los principios de la ética social (1936), su autor pone en primer plano un emprendimiento cultural de gran calaje; la comprensión del personalismo crítico. En todo caso, se trata de la gesta de la conversación editora entendida como diálogo con y por los libros. Su último libro en vida Filosofía de las matemáticas (1976) examina los usos de esta disciplina en el nuevo panorama de innovación y reformulación tecnológica del siglo XX. Su pieza póstuma, el Diccionario de pedagogía (1982), apunta a cernir un gran legado en sabias cápsulas de sentido para instigar ulteriores indagaciones. Se trata de un vital enfoque comprometido con la escritura basada en la investigación. Como consecuencia, el acercamiento a Larroyo aparece como la oportunidad de descubrir ante nuestros ojos una gesta por el entendimiento y por la verdad.
Importancia
La grandiosa producción de la obra del jerezano apuesta por la reflexión diferenciada, desprendida de revisiones sistemáticas y con énfasis contextual. Su grave producción reclama un lector astuto.
Leer no es poseer un texto, y ( como bien sabían los antiguos bibliotecarios de Alejandría) la acumulación de saberes no equivale a conocimiento. Conforme aumenta nuestra capacidad de atesorar experiencias, aumenta nuestra necesidad de hallar formas más penetrantes y profundas de leer las historias codificadas. Para ello necesitamos prescindir de las tan cacareadas virtudes de lo rápido y lo fácil y recuperar el valor positivo de ciertas cualidades casi perdidas: la profundidad de la reflexión, la lentitud del avance, la dificultad de la empresa.
Propongo reflexionar dos pasajes de la anterior cita; la posesión mediante la lectura y, por el otro; lo señalado en torno a “la profundidad de la reflexión, la lentitud del avance, la dificultad de la empresa”.
Durante los años 1940 los niveles de analfabetismo en México representan un grave problema de nuestra población. Existe un gran porcentaje de lectores de la prensa y un conglomerado más reducido de lectores de libros. Los primeros incluso leen de oídas, mientras escuchan a lectores en voz alta.
De diversas maneras hemos insistido en que leer a Larroyo implica la exhaustiva expedición a la cultura de su tiempo. En el caso del lector de libros de la época es visible que al revisar al pensador jerezano accede a un gran escritor de libros profundos y fundamentados.
Acercarse al intelectual que nos ocupa supone una acumulación de saberes, más que de libros. Este acercamiento implica el encuentro con sus 56 libros, su lectura, y la restitución cabal de su pensamiento. Es así que se comprende que toda lectura parcial del filósofo difama la riqueza de su agenda intelectual.
La obra de Larroyo se vuelve sobre sus lectores como incitación a la consideración atenta y a la investigación estricta. La importancia de un pensador como el que nos ocupa radica en que propone reflexiones circunscritas y con enfoque práctico.
El personalismo crítico
Según el filósofo jerezano, la persona se define como el «sujeto racional libre, capaz de darse cuenta de la identidad de su ser en la turbamulta de sus estados subjetivos, y situado voluntariamente bajo el imperio de la idea» (Larroyo 1941, p. 30)
Desde tal perspectiva, el personalismo crítico surge como un desmembramiento del sentido que Francisco Romero daba al personalismo de la época. Larroyo hará la revisión de este concepto y descibrirá el compromiso que guarda con el espiritualismo entendido como estipulación abstracta. El sentido de “crítico” asume aquí un carácter de advertencia y desmarcación del toque espiritualista dado al personalismo hasta entonces.
El posicionamiento del personalismo crítico por parte del intelectual apuesta por la persona en lugar de los conceptos “hombre”, “individuo”, “sujeto”, “humano”.
En discusión con estas nociones, el jerezano concibe el personalismo crítico como una condición según la cual la persona ocupa un sitio privilegiado para la comprensión de su condición susceptible de transformaciones y el enfoque práctico que la asume como agente protagonista de sus propios cambios y de la sociedad. En tal orden de ideas, decir hombre está cargado de una relación con la humus, la tierra. Y persona se entiende como una palabra comprometida con el hombre en singular, específico, aquí y ahora.
Aporte
El filósofo que nos ocupa soñó con dominar la palabra. Desde niño se empeñó en descubrir sus filos. Las domó a ras del papel en que trazaba los términos de sus ideas. Descubrió que el concepto perfila el mundo. Según explicaba, el concepto concilia la intuición con el rigor al precisar sus propios términos. Con ello plantea un horizonte de análisis circunscrito y temporal. Desde semejante posicionamiento, la reflexión de los temas pasó por el tamiz de la creación endémica. Reclamó un pensamiento propio, auténticamente mexicano.
Legado
Su influencia no está liquidada. Muy al contrario. Al cabo de los años, ha reivindicado la producción de obra intelectual como forma de vida. Considerado en perspectiva, puede afirmarse que el jerezano preconiza el encuentro y la conversación. El legado de Larroyo es múltiple y alcanza a las nuevas generaciones. Toda suerte de libros fueron escritos por su mano en tal sentido. Su legado tiene que ver con esa toma de conciencia del otro como interlocutor inteligente con quien ha de confluirse para estructurar juntos un mundo mejor.
Bibliografía
Delgado Calderón, Lilia, El modelo personalista pedagógico de Francsico Larroyo, 2018, Zacatecas, Universidad Autónoma de Zacatecas.
Escobar Edmundo, Francisco Larroyo y su personalismo crítico, 1970, México, Porrúa.
Ginzburg, Carlo, El hilo y las huellas Lo verdadero, lo falso, lo ficticio, 2024, México, Fondo de Cultura Económica.
Gutiérrez Luna, Arturo, DERIVAS Francsico Larroyo Iluminación e incidencia, 2023, Jerez, Entretexturas Editores.
Gutiérrez Luna, Arturo, (Coord.), HALLAZGOS Francisco Larroyo Libros, impresos, escritos, 2026, Jerez, Entretexturas Editores.
Larroyo, Francisco, Los principios de la ética social, (1936), México, Porrúa.
Larroyo, Francisco, El personalismo espiritualista de nuestra época. Misiva a propósito de Filosofía y persona de Francisco Romero (1941), México, Logos.
Larroyo, Francisco, Filosofía de las matemáticas (1976), México, Porrúa.
Larroyo, Francisco, Diccionario de pedagogía (1982), México, Porrúa.