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Confluencias


FRANCISCO LARROYO LECTOR QUE ESCRIBE


Por Arturo Gutiérrez Luna

Unidad de estudios Jerezanos

ezlumax39@gmail.com


La órbita del impreso

Escribe siempre como si nuca

Hubieras hablado contigo

Y pasaras de largo.


Wislawa Szymborska

Orbitando siempre al impreso, el honor de Francisco Larroyo como lector suspicaz, astuto y clarividente, en sentido cultural, cuenta ya con casi noventa años. El viaje que proponen sus libros y, en general, su obra, resulta una inteligente expedición a las ideas, porque hace pensar a sus lectores, los involucra en la práctica de la reflexión documentada.

¿Cómo se acercó el arroyo a los impresos?

Hace unas semanas colaboré en una entrevista que le hiciera un servidor al Dr. Alfonso Luna Staines, hijo del ilustre filósofo jerezano Francisco  Larroyo para el sistema de radio y televisión de Zacatecas.  De acuerdo con aquella plática, este interlocutor resalta que Larroyo era un gran lector: En la entrevista apunta que en la casa saben que el filósofo zacatecano desde su infancia se ocupaba de leer todo lo que caía en sus manos. En este contexto, el lector realizaba un trabajo de cobrar conciencia sobre lo que eran esas líneas de revelar esos misterios de iluminar su vida mediante la lectura.  Fue un asiduo a la lectura  cautelosa de todo tipo de impreso.

Actividad bastante recurrente durante los primeros lustros del siglo XX era la lectura de la prensa diaria. En este contexto de abrumadora de presencia de múltiples impresos, se acerca a ellos con esmero y devoción. Podemos imaginarnos al curioso Larroyo permanecer atento, persistir alerta frente a las noticias y delante de la cultura que implicaba cada una de esas noticias.  Siempre a punto el comentario, el diálogo, la confluencia de las ideas. Efectivamente, detrás de las noticias comenzaban a establecerse algunas conexiones, se indagaba en las relaciones que tenían unos hechos con otros. En fin, se constituía la historia y la cultura alrededor de los hechos. Esta historia y cultura alrededor de los hechos importaba especialmente a Francisco Larroyo.  La estampa que nos revela en la entrevista es la de que, como lector, el distinguido jerezano ponía especial cuidado en esta revisión y en el entendimiento de los tiempos con base en el conocimiento cultural y sus implicaciones en el presente.

Hay que señalar incluso, acaso destacar, el furor que los periódicos causan entre la población letrada, alfabetizada, en torno a la cual se reúne un conjunto de no alfabetizados que escuchan la lectura de cierta noticia y que sorprendidos participan en ese misterio de la lectura escuchada. La escena se repite en algunas esquinas de la gran ciudad con personas que leen los artículos y los leen pero también con ello alientan una práctica de diálogo. De tal suerte que alientan una conversación motivada por esa tal o cual noticia. En tal contexto, muchas revistas aparecen como formas de profundizar en la reflexión de los hechos noticiosos, de las expresiones del hombre. Esas revistas constituyen un vehículo para adentrarse en los temas evocados en la obra de los hombres y en la propia vida registrada en las noticias. De suerte que en las revistas literarias encontramos una profundización del hombre que es observado por los otros hombres. Se ofrece así una mirada más profunda y más reveladora de las cosas. Es expresada la ocasión para la consideración detenida y meticulosa en las líneas de los artículos de las revistas.

Larroyo  lector

Señalemos que el intelectual jerezano accede a la lectura formativa en el contexto de su educación. En Francisco Larroyo, la lectura es un quehacer cultural que desentraña los que entonces eran misterios hasta dirimir las dudas y culminar el esfuerzo en una práctica de asimilar significados y formular interpretaciones.  La lección que Francisco Larroyo obtiene de los impresos viene a establecer una atmósfera de encuentro entre iguales y una dinámica de intercambio de conversación. De este modo, el ilustre  jerezano apresta sus armas para consumar la experiencia de la escucha. El verbo que predomina en tal ejercicio se conjuga como oír detenidamente; es acercamiento activo, hábil en la escucha, atento y cuidadoso, con cuya práctica reivindica la lealtad al autor.

 Acaso Larroyo enseña que leer sólo sea un modo de estar en el mundo. De estar, de ser ante el otro con la clara consigna de la lealtad a sus ideas y su pensamiento. Por eso recurre a descubrir el filo de las ideas en la hoja de la katana  del pensamiento escondido bajo la funda.

 De semejante precaución deviene la observación punzante en los epigramas coronando su discurso. De ahí su escritura fundada en la lealtad a las ideas de su interlocutor. 

 En este orden de ideas, la lectura que se propone Larroyo  continúa la tradición del humanismo que apuesta por la restitución del mensaje transmitido en el impreso correspondiente. Supone la toma de conciencia del texto que atesora un mensaje sutil y sublime. Su lectura restaura el sentido original del autor. De este modo, ansía la percepción cabal y, ante todo, leal al escrito que le ocupa. La lectura pretendida por  Larroyo  supone enfrentarse a un artefacto que se mueve y crea comprensión, valoración crítica. Entre tanto que acontece su lectura, se liberta del dogma y toda suerte de ortodoxias. Lee y se convierte en otro, quien no será más el que era, puesto que ha sido enriquecido en esa experiencia lectora. Por ello permanece alerta ante la potencia del atisbo, vigilante frente a la capacidad de la vislumbre. Es en la discordia que el lector prueba su libertad De lo cual se colige que como lectores seamos capaces de advertir la importancia de converger desde la diferencia en una interpretación capaz de superar nuestra anterior visión parcial aislada Y acaso errónea. 

Por eso hay que pensar en Larroyo como un recreador de sentidos. El quehacer más sutil con quien realiza su lectura consiste en poner el mayor cuidado en descubrir los verdaderos significados que el texto está proponiendo al lector. La de Larroyo es una época que prefiere la lectura diversificada, es lectura de notas, de comentarios, de reseñas, de apuntes de adelantos, de escritos en proceso. A fin de cuentas, se trata de la revisión de textos entregados a la prensa, presumidos en revistas, entretanto que se compone el libro en cuestión.

Polímata en construcción, advenimiento de sí, Larroyo  sospecha y nos piensa.