La activación conductual, la salida de la depresión
Por el psicólogo clínico y criminológico Alejandro Murillo
“El pájaro no canta porque sea feliz, el pájaro es feliz porque canta.”
Williams james
La depresión es un estado del ser humano caracterizado principalmente por la pérdida de esperanza, energía, motivación y placer. Es precisamente aquí donde aparecen dos conceptos fundamentales: la abulia y la anhedonia.
La abulia hace referencia a la dificultad en la voluntad y en la iniciativa; la anhedonia, por su parte, implica la dificultad para experimentar placer incluso en aquellas actividades que antes resultaban significativas o agradables.
Resulta sumamente común que una persona que atraviesa un episodio depresivo importante tienda a aislarse de los demás y a abandonar actividades que podrían serle benéficas. Deja de salir, de convivir, de hacer ejercicio, de buscar hobbies o incluso de realizar pequeñas acciones básicas del día a día. Y aunque desde afuera pudiera parecer contradictorio, muchas veces la persona sabe perfectamente qué cosas podrían ayudarle, pero simplemente no encuentra la energía psicológica suficiente para realizarlas.
En psicología hablamos de la activación conductual como una de las herramientas más eficaces para el tratamiento de la depresión. Diversos estudios han demostrado su enorme efectividad. Esta consiste, de manera sencilla, en realizar aquellas actividades que probablemente aporten bienestar, energía o sentido, incluso cuando no exista la motivación para hacerlas.
Y aquí es donde muchas personas suelen confundirse. Esperan sentirse mejor para actuar, cuando en muchas ocasiones es precisamente el actuar lo que comienza a producir la mejoría. La lógica de la depresión pareciera decir: “cuando tengas ganas, hazlo”. La lógica terapéutica muchas veces responde exactamente lo contrario: “hazlo, aunque no tengas ganas”.
Sin embargo, esto nos lleva a una pregunta importante: si estas actividades ayudan tanto a aliviar la depresión, ¿por qué la persona no las realiza?
Para comprenderlo, me gustaría explicar la depresión bajo una metáfora.
Imaginemos la depresión como una especie de organismo parasitario.
Evidentemente, no se está afirmando que la depresión sea literalmente un parásito, pero la metáfora resulta útil para entender cómo funciona. Un organismo parasitario sobrevive alimentándose de la energía y de los recursos de su huésped. Algo similar ocurre con la depresión: consume energía, motivación, esperanza y placer, pero además coloca “trampas” para impedir precisamente aquello que podría debilitarla.
La abulia hace que la persona no encuentre fuerza para actuar. La anhedonia provoca que, incluso las cosas agradables pierdan sentido. El aislamiento genera desconexión emocional. Y así, poco a poco, la depresión logra mantenerse.
Aquí es donde me gusta utilizar otro concepto al que llamo hipotermia emocional.
En medicina existe un fenómeno muy llamativo relacionado con la hipotermia llamado desnudo paradójico. Algunas personas que comienzan a sufrir hipotermia severa sienten, paradójicamente, una falsa sensación de calor y empiezan a quitarse la ropa. Evidentemente, esto no ,ayuda; por el contrario, acelera todavía más la pérdida de calor corporal y agrava el estado de la persona.
Algo similar ocurre en muchos cuadros depresivos. La persona, al sentirse triste, desmotivada o emocionalmente ,agotada, comienza a aislarse. Deja de convivir, de hablar, de pedir ayuda o de exponerse a experiencias emocionalmente nutritivas. Pero ese mismo aislamiento termina profundizando todavía más la tristeza y el vacío emocional. Es decir, la conducta que aparentemente busca proteger termina agravando el problema.
A eso es a lo que llamo hipotermia emocional.