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Infancias rotas: las guerras que los adultos deciden y los niños padecen

Por Yarahima N. García Carlos

«Uno de los impactos más graves de la guerra es el efecto psicológico sobre la niñez».

UNICEF

A causa de que esta semana se celebró el Día del Niño y de la Niña en México (30 de abril), me interesa que en este texto se reflexione sobre las violencias que fracturan las infancias en las guerras.

Si bien ese día en nuestro contexto inmediato observamos festejos por parte de instituciones educativas y de gobiernos federales, estatales y municipales, no todos los niños y niñas tienen la oportunidad de celebrar su infancia y, peor aún, en muchos lugares del mundo están sufriendo diferentes tipos de violencia.

El filme Voces inocentes (2005), dirigido por Luis Mandoki, visibiliza de manera real, cruda y dolorosa la violación de derechos que aún está impune hacia la infancia durante la Guerra Civil en El Salvador. Retrata una realidad histórica de los años 1980-1992.

De acuerdo con las cifras de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), hasta 1986 habían muerto en dicha guerra 60 000 civiles, de los cuales la mitad eran menores de edad. Se habían abandonado 90 000 hogares y había un número indeterminado de huérfanos.

En la película se puede identificar la violencia estructural que vive el pueblo, pues sufren de hambre, de falta de acceso a la salud, trabajo, vivienda y educación, la represión a movimientos populares y la compleja etapa de la niñez durante este suceso.

La trama sigue a Chava, un niño de 11 años que enfrenta contrastes en su realidad, pues se apropia del rol de hombre de la familia por el abandono de su padre, admira lo trabajadora que es su madre y también crea momentos y juegos con sus amigos, pero siempre está presente el miedo y terror de la guerra, la pérdida y separación de sus seres cercanos.

Aquí también se puede observar cómo es el proceso de reclutamiento de niños de 12 años en adelante, adiestrados para ser soldados, mentalizados para matar sin culpa; en pocas palabras, el proceso de niño a soldado.

Aunque Voces inocentes retrata una realidad situada en los años ochenta, durante la guerra civil salvadoreña, su mensaje está lejos de pertenecer únicamente al pasado. La historia de Chava no es una excepción histórica, sino un reflejo de una constante que se repite: las guerras y las violencias siguen siendo decididas y sostenidas por adultos, pero vividas y padecidas por niñas y niños.

Hoy, en distintos puntos del mundo, la infancia continúa siendo vulnerada por conflictos armados y estructuras de violencia. En regiones marcadas por tensiones como las de Irán y Palestina, miles de menores crecen entre el miedo, la pérdida y la incertidumbre. De igual forma, en México, aunque no se viva una guerra formal, la violencia ligada al narcotráfico ha generado contextos donde niñas y niños enfrentan desplazamientos, reclutamiento forzado, pérdida de familiares y una constante exposición al peligro.

En este sentido, el 30 de abril, Día del Niño y de la Niña en México, representa una contradicción profunda: mientras algunos celebran con juegos y festivales, otros viven realidades donde la infancia se ve interrumpida o incluso arrebatada.